Vendredi 25 juillet 2008

Toda la historia en pocas horas.-

 

Encandila el resplandor de la historia cuando Hugo Chávez va y viene a y desde las estepas rusas. Mas no porque Hugo Chávez sea un demiurgo de las épocas, de los milagros de panes y peces, sea dicho. Sino porque encarna una voluntad que creíamos desterrada y propia de los antiguos, la voluntad de la tribu. Fíjense que no hablo de la “voluntad general” que, en el léxico privado de los bobitos fanáticos de Rousseau, sería el Estado, retomada por igual, por fascistas –nazis incluso- y liberales de uña en el rabo. No.

 

Hay la voluntad de los sujetos –o de los individuos-,  (la que los anarcoliberales llaman la “autonomía de la voluntad”, derecho civil del puro), la hay del Estado –la “voluntad general” y la hay de la tribu, que es, en resumidas cuentas, la esencia del comunitarismo.

 

¿Y a santo de qué viene esta conclusión por la cual empiezo? A santo de la reacción que, orquestada por la casa Random –uno de cuyos empleados para el mundo hispanoparlante es curiosamente Aznar- ha suscitado la visita (ida y vuelta) de Hugo Chávez a Bielorrusia y a Rusia. En efecto, en ese aparato de propaganda imperialista yace la responsabilidad de las especies informativas que pusieron en boca del Presidente de Venezuela de que admitiría bases militares rusas en el suelo de la patria y la compra de unos supuestos treinta mil millones de dólares en armamento para las fuerzas armadas bolivarianas. Ambas “informaciones” han resultado ser falsas, y ser, por tanto, partes de guerra.

 

Si esas informaciones –en estos tiempos de tecnologías desaforadas de la información y en autopistas de alta velocidad- son falsas, como, en efecto, se ha demostrado que lo son, ¿cuál era el propósito de haberlas divulgado? Exacto. En la guerra de última generación, ¿qué objeto tenían ese tipo de información? ¿Lograron abatir los objetivos?

 

No lo sabemos; deberíamos esperar el final del viaje presidencial por “la Europa”. Mas si podemos deducir que ese tipo de información es de la especie de la que los imperios han usado siempre contra las colonias díscolas. La historiografía imperial e imperialista está llena de cosas parecidas. Porque a los imperios no les interesa que más nadie tenga vida, es decir, que las colonias puedan ellas mimas llegar a ser imperios como sucedió, por un pelón de la pérfida Albión, con la Rusia de los zares y en 1917. Desde ese momento, es decir, desde el momento en el cual los bolcheviques toman el poder en la Rusia de los zares todo el orden imperial europeo y, en general, anglosajón, se fue al carajo, quedó al garete, porque Rusia, paradoja de paradojas, a la vez que era imperio era colonia.

 

Alemania perdió a Rusia tras 1917. Pero también Inglaterra. Por eso todo el interés de Inglaterra consistió en aupar a Alemania para que acabara con los bolcheviques, pero el tema les resultó una morisqueta, porque Rusia salió fortalecida de la Segunda Guerra Mundial y, además, dueña de la mitad de Alemania, y de toda Europa occidental, y pocos años más tarde, de China. Porque la conquista de China fue el gran éxito de Stalin.

 

Y, tras la Segunda Guerra Mundial, comenzó la arremetida de las ideologías al servicio de las guerras y las disputas interimperialistas. Mas en el fondo se trataba de disputas generadas desde los mismas colonias.

 

Porque las clases sociales que el colonialismo había colocado al frente de las colonias tenían sus propias aspiraciones autonomistas pero seguían menospreciando al pueblo colonizado. Y éste era el pueblo tribal, la Nación era una invención de la burguesía local y entraba en la estrategia imperial de balcanizar a las antiguas colonias. Divide y vencerás, que dijo el otro.

 

Yugoslavia, que siempre fue Tercer Mundo europeo, es la prueba de ello. La Nación yugoslava desapareció y las tribus se adueñaron de sus estandartes atizadas por Berlín unas, por Inglaterra y el Vaticano otras y por Moscú Serbia.

 

En ese teatro de operaciones reina Inglaterra, reina Francia y reina Alemania, porque el resto de Europa está en camino de parecerse a aquellas ciudades del Renacimiento italiano siempre dispuestas a guerrear entre ellas. No lo hacen aún porque el nivel de vida de sus poblaciones no está para dejar la taberna por la barricada, como en los tiempos de Maquiavelo.

 

Lo mismo pasa con la América Latina. La voluntad tribal entiende que la solución está en la Patria Grande, es decir, en la confederación de tribus, pero la burguesía mantuana nacional sabe que su sobrevivencia, quizá también como clase hegemónica, esté en la continuidad de la balcanización de la América ibérica.

 

Y, quizá por ello, como Chávez es de la tribu, y aspira a esa confederación, no hay mejor forma de desprestigiarlo ante los suyos que convirtiéndolo en supuesto partidario de que continúe la balcanización americana pero de la mano rusa. ¿Le temen a los rusos los imperios mandones del mundo? No. De momento, no. Les falta por desprenderles Georgia y Bielorrusia, sin hablar de Siberia. Así como buscarán balcanizar China empezando por el Tíbet. ¿O sí le temen al “consenso de Shanghai”: Rusia + China + Irán?

 

OCA

 

 

 

 

par Verde publié dans : Revolución Bolivariana
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