Mardi 29 juillet 2008

Historia de un encargo: “La catira” de Camilo José Cela

 

No en balde la obra del mismo título que el epígrafe se ha ganado el Premio Anagrama de Ensayo 2008, ya que el venezolano Gustavo Guerrero (1957) ausculta un curioso incidente alrededor de las relaciones –o del tipo de relaciones- entre España y Venezuela, o mejor dicho, entre lo español y lo venezolano que, al proyectarse, realmente ilumina la relación, en un momento dado, entre lo hispánico y lo americano.

 

En efecto, a principios de la década de los 1950 un –en ese momento- joven novelista español, Camilo José Cela [1916-2002], recibe el encargo por parte del gobierno (1948-1958) de Marcos Pérez Jiménez de escribir una novela sobre Venezuela. La novela se titularía “La Catira”, y sería el centro de un escándalo literario y político que terminaría enlodando tanto a la dictadura venezolana como a la franquista.

 

Hay que recordar que en 1945, tras la llegada al poder de Rómulo Betancourt y AD, Venezuela rompe relaciones diplomáticas con la España de Franco y reconoce al Gobierno Republicano en el Exilio como gobierno legítimo de España. Se trataba de seguir la orientación de las Naciones Unidas que, en esos años, había acusado al régimen de Franco de haber llegado al poder, tras un cruenta guerra civil, con la connivencia de Alemania nazi y de la Italia fascista. Las relaciones diplomáticas entre Venezuela y la España de Franco se restablecerían en 1953, en el marco del anticomunismo –y antisovietismo- norteamericano, y en el otro, menos conocido, del restablecimiento del Imperio Hispánico franquista sobre la base de la “lengua común” y la “religión común”.

 

La historia de “La Catira” fue parte de esa operación cultural mediante la cual Madrid intentaba restablecer, a partir de Venezuela, su hegemonía, primero cultural, en América. Lo curioso del caso es que en la misma estarían implicados tirios y troyanos, por el lado español; y, por el venezolano, toda la derecha nativa, empezando por la dictadura misma.

 

Datos muy importantes condimentan esta historia apenas esbozada en las líneas precedentes. Por ejemplo, uno de ellos, refiere que el verdadero artífice de la operación fue el gallego Silvio Santiago, a la sazón mandamàs en la Hermandad Gallega, de Caracas. Paisano de Cela, este Silvio era un anarquista que, al acabar la Guerra Civil, se había refugiado en Cuba y Venezuela. Dato curioso que sirve para cimentar que la Hispanidad, si bien hoy devenida en Iberoamericanismo, sigue siendo la punta de lanza de lo español en América.-

 

 

 

 

 

 

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Dimanche 23 mars 2008

1.- La crónica de la propaganda anarquista en Venezuela hasta el momento en que los anarcoLiberales se adueñaron de “El Libertario” está por hacerse. Esbozarla de una manera objetiva es imposible, porque estuvimos involucrados de lleno en esa actividad. No insistiré por un tiempo en ella porque hay ideas que deben cuadrarse; por ejemplo, la incidencia de los aspectos policiales, y muchos amigos nos siguen pasando datos que hacen, en pocos casos, incompleta algunas visiones nuestras.

 

2.- Ahora bien lo policial ha acompañado al anarquismo desde los tiempos de los anabaptistas. Ha acompañado, a decir verdad, a todas las actividades antisistémicas. Los movimientos antisistémicos dejan de ser “inofensivos” cuando empiezan a ser “movimientos” que, por tanto, involucran a mucha gente y a gentes de distintos sectores sociales, y pueden incidir en cambios sociales, políticos y/o culturales ni previsibles ni deseables para las clases dominantes. Así que el uso de los “servicios de inteligencia” y de los “servicios de contrainteligencia” es vital para el sistema. No así para el contra-sistema que, la mayor parte de las veces, está integrado por románticos de todo pelaje, subjetivistas al máximo.

 

3.- A decir verdad, los “servicios” han sido los ejecutantes de todas las guerras frías (y algunas de las calientes): el espía es el demiurgo de nuestra época. Donde se dan más los espías, delatores, sapos, y demás especimenes, es en esos movimientos “abiertos”, donde nadie controla a nadie y nadie controla nada: cuando tal cosa sucede es porque “alguien” controla desde afuera. Se ve mucho en el anarquismo, porque éste pretende ser uno de esos movimientos. Aunque también se ha dado, claro está, en los movimientos “cerrados”, porque sencillamente, algunos, son creados por los mismos servicios.

 

4.- Digo que en el anarquismo se da mucho ese sutil manejo de ciertas instrucciones por el microprocesador de los “servicios”. Yo he vivido eso desde muy cerca.  Pero hay que saber de dónde viene eso y por qué.

 

5.- Hace años la disip cuartorrepublicana detuvo a un tipo –al menos él dijo eso, que lo habían detenido- y, al parecer, le decomisaron material anarquista –al menos eso dijo él y, añadió, que le preguntaron por mí. ¿Por mí? ¿Por qué por mí? En ese momento, habíamos muchos en el trance anarquista en toda Venezuela. ¿Por qué le habrán preguntado por mí, entonces? Todos esos datos me los suministró una persona que hoy está muerta pero que, a la sazón, era agregado cultural de la embajada española en Caracas.

 

6.- ¿Cómo era eso que el agregado cultural de la embajada española en Caracas era anarquista y hacía propaganda anarquista desde esa embajada y, encima, organizaba grupos anarquistas? ¿Tenía alguna relación eso con lo “iberoamericano” que se suscitaría años más tarde con ocasión del 1992 o quinientos años del “encuentro”?

 

7.- La persona que fue detenida por la disip –o que decía él eso- desapareció del mapa-, se esfumó, y no sé qué relación puede tener, si es que la tiene, con los actuales anarcoliberales que son los corresponsales de los españoles en Venezuela.

 

8.- A decir verdad, y no porque yo sea valiente o arrojado, pero pocas precauciones tomé ante este “aviso”. Sin embargo, el otro aspecto de la cuestión sí me interesó: ¿qué interés podría tener España en que se divulgase el-anarquismo-a-la-española en estos países “iberoamericanos”? ¿Qué interés? En mi segundo viaje a España, cuando recalé por Barcelona (Cataluña), algunas personas me ayudaron a aclararlo todo.

 

9.- Lo mejor es, pues, actuar sin quemarte. Que no tengan fotos tuyas, que nadie te detecte por las huellas digitales, que pocas personas te conozcan, pero actuar así, anónimamente.

 

10.- La paradoja: en todas partes cuecen habas.-

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Samedi 15 mars 2008

Situando la situación

 

1.- Las ratas anarcoliberales siguen trabajando, directa o indirectamente, para la derecha. Favorecen todas las políticas de la derecha; incluso la política de la corrupción. Son ombligos en busca de dónde colgarse, pequeñas vanidades vanidosas que ni sirven ni han servido nunca para un carajo. Lo malo de ellos es lo que dicen que son: ensucian al anarquismo adscribiéndose a esta ideología. La única forma de ser anarquista es denunciando a los anarcoliberales como lo que son: fascistas embozados, proimperialistas de cualquier imperialismo, enemigos del pueblo en todos los sentidos y lamedores de la bota de ricos y patronos.

 

2.- Venezuela está enfrentando, en estos momentos, la agresión más directa de los yanquis desde la jugada frustrada del 11 de abril de 2002 y el sabotaje petrolero. Estados Unidos siempre nos trató como si fuéramos colonia suya. Nada más hay que recordar la declaración de George W. Bush el día del golpe militar del 11 de abril del 2002. Pues bien, los anarcoliberales –como la derecha- con su política rastrera a favor de todo cosmopolitismo al uso hablan de Venezuela como si ellos vivieran en Madrid, New York, Londres, París, Roma o Berlín. Ellos no son “apátridas”; realmente son agentes ideológicos del eurocentrismo.

 

3.- Lo mismo pasa con los sureños, dos o cuatro despreciables carajos, que, al lado de los anarcoliberales, presumen de ser los herederos ideológicos de Cappelletti. Y nada que decir de ese enano andaluz, que ojalá esté muerto a estas horas de una puñetera vez, al cual la envidia que siempre lo ha embargado no lo dejó crecer más. Gentuza mediocre que presumían de revolucionarios pero cuando la revolución se presentó se demarcaron de ella y mostraron su verdadero rostro, el del fascista.

 

4.- La prédica de los anarcoliberales terminó de marginar al anarquismo oficial de la realidad venezolana. Son una mota de polvo, a decir verdad. Creo que soy el único que les hace seguimiento. Pero que el anarquismo oficial esté desprestigiado en Venezuela no significa que las múltiples manifestaciones libertarias estén ausentes en este hermoso y profundo proceso de transformación colectiva e individual que es el proyecto bolivariano. Y eso es lo que cuenta.

 

5.- Pese a los anarcoliberales, el anarquismo –cuerpo y espíritu- anda suelto, como debe ser, por todas las avenidas de la revolución. A pesar de los anarcoliberales, los planteamientos libertarios son de izquierda. Y no de derecha, como los que hacen los anarcoliberales… Y Fedecámaras, y Globovisión, y… ¡el Tío Sam!

 

F.C.-

 

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Mardi 11 mars 2008

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“Arthur Schopenhauer es considerado el primer ateo entre los filósofos alemanes. Sin embargo, esto no lo hace un humanista secular; puesto que fue misógino, pregonaba el pesimismo y no se interesaba en lo más mínimo por la condición de los más desvalidos. Friedrich Nietzsche tampoco fue creyente, pero escribió en contra de la razón y de la ciencia, no apreciaba la compasión y despreciaba al “rebaño”. Por lo tanto, él tampoco tiene un lugar en el panteón humanista. Del mismo modo, Sigmund Freud desacreditó la religión, pero exageró la fuerza del instinto, consideraba a las mujeres tanto intelectual como moralmente inferiores a los hombres y sostenía que la agresividad es innata. Sobre todo, Freud inventó el psicoanálisis, uno de los fraudes intelectuales y éxitos comerciales más grandes de todos los tiempos. Tan sólo esto ya lo descalifica como humanista. Último ejemplo: la fallecida Ayn Rand, una popular novelista, filósofa para andar por casa e ideóloga neoliberal de los primeros tiempos, era atea, racionalista y materialista confesa, aunque superficial. Pero sostengo que no fue una humanista, porque preconizaba el “egoísmo racional” a la vez que el “capitalismo salvaje”. Más aún, fue una simpatizante del fascismo sobre la que Mussolini encargó que se rodara una película”.-

 

Mario Bunge: “Crisis y reconstrucción de la filosofía”, Gedisa editorial, Barcelona (España), 2002; p. 21.-

 

Comentario: el anarcoliberalismo siempre deviene en anarcofascismo y cada anarcofascista se cree (y actúa como) un Mussolini. F.C.-

 

 

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Mardi 11 mars 2008

Juan Verde y la ética de los anarquistas

 

Juan Verde era un seudónimo que devino en nombre legal. El seudónimo de un anarquista de los de la “belle époque”. Aunque siempre sostuvo que había nacido en Guadalajara (España) –eso decían sus papeles- realmente se sabe que nacido en Italia había emigrado a Buenos Aires siendo muy muchacho. Pocos sabían eso, entre ellos Germinal Gracia (seudónimo de Víctor García) que militó durante un tiempo a su lado, en Caracas.

 

En 1960, Verde estuvo al lado de [Vicente] Sierra y [Eusebio] Larruy en el grupo “Errico Malatesta” que publicaba el periódico “Simiente Libertaria”, el cual alcanzó unas 20 o 25 ediciones. Yo pude ver hasta unas 23, pero los que sabían del tema, me dijeron que habían publicado dos o tres más. No sé qué se me hizo mi colección de “Simiente Libertaria”, pero lo cierto fue que la extravié en tantas mudanzas.

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En Buenos Aires, metrópoli que siempre evocaba, vivió los tiempos tormentosos del movimiento anarquista, siempre andaba calzado con su star y dispuesto a la pelea frontal. Se enfrentó a su paisano Severino Di Giovanni, porque éste era antiorganizacionista. Y, una vez me comentó que él había salvado a Santillán de que un miembro del grupo de Severino lo ajusticiara. Al que no se pelaron fue a López Arango, anarcosindicalista argentino asesinado por anarquistas. Verde repudió el hecho.

 

Durante esa época los anarquistas dirimían sus diferencias ideológicas y organizativas a tiros entre ellos. Ese tema ha sido estudiado profusamente en la literatura anarquista rioplatense. La razón fundamental era que el sector antiorganizacionista en el anarquismo de los inmigrantes italianos era muy fuerte en Buenos Aires. Y, poco dado a sutilezas orgánicas. Lo que no pasó entre los anarquistas españoles donde “la Organización” estuvo siempre omnipresente, incluso en los tiempos de la Internacional española en la segunda mitad del siglo XIX, como consta en las memorias de Anselmo Lorenzo, “El Proletariado militante”.

 

Estuvo Juan Verde entre los jóvenes más destacados del movimiento en Buenos Aires y con nexos con la ciudadela anarquista de América, Rosario, en donde encabezó la secretaría de los grupos de defensa hasta que, en 1930, se produjo el golpe de Uriburu [http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_F%C3%A9lix_Uriburu]

 

La represión que Uriburu desata contra el movimiento popular y, especialmente, contra los grupos de acción anarquistas, obliga a varios dirigentes de estos últimos a refugiarse en la Banda Oriental, es decir, en Montevideo, o, los que estaban más buscados por la policía, a marcharse a Europa antes de verse sometidos a una expulsión de la Argentina. Verde era italiano, y si hubiera sido expulsado a Italia hubiera significado su muerte segura, porque la dictadura de Mussolini lo hubiera procesado por malhechor.

 

Como Verde muchos cuadros anarquistas estaban en la misma situación, así que logra marcharse a España donde, en abril de 1931, se había instaurado la Segunda República. Llega a Barcelona, en Cataluña, y de inmediato consigue enganchar en su oficio, la construcción y se afilia al sindicato del ramo. Pasa a formar parte del grupo “Los Solidarios”, en los cuales están Ascaso, Durruti y García Oliver, entre otros; a quienes, me dijo, había conocido en el Río de La Plata.

 

De estos tiempos barceloneses es de los cuales vienen sus desavenencias con Santillán. Éste fue siempre en la época heroica el portavoz del maximalismo libertario. Radical en todo, Santillán, tras el ascenso del fascismo, irá moderando sus posiciones. Luego de preconizar el “movimiento obrero anarquista” por contraposición al “anarcosindicalismo” de los españoles, Santillán termina aceptando este último. Y, no sólo eso, sino que apadrina el viraje electoral del anarquismo español, en febrero de 1936, y, posteriormente, al iniciarse la guerra civil, el pacto con la burguesía republicana.

 

Pero Verde, al contrario, se incorporará a los grupos de vanguardia, es decir, a esa vasta red organizada informal para la cual la acción directa fue siempre una cuestión de cojones. En poco tiempo escala a la posición de secretario de los grupos de defensa confederales de la Federación Local de Barcelona. Y, ahí lo pilla el alzamiento franquista.

 

Actor entre miles en las acciones de la guerrilla urbana de Barcelona, las que permiten derrotar a los militares alzados en armas contra la Segunda República, no estaba en el nivel al cual pertenecía la dirigencia anarquista que toma la decisión de colaborar con las fuerzas antifascistas para detener al general Franco y defender a la República. Pero militante disciplinado como siempre fue, siguió las disposiciones de la Organización. Sin embargo, en la medida que se va desarrollando la Revolución entra en conflicto con el núcleo burocrático de la CNT y de la FAI. Por eso será de los protagonistas de los “hechos de Mayo de 1937” cuando los grupos de acción anarquistas deciden enfrentarse a las checas estalinistas y al PCE (ó PSUC) en Cataluña.

 

Los viejos militantes de acción del sindicalismo catalán, y especialmente, del de Barcelona, lo conocerán por el remoquete de “El Argentino” o de “El Loquito Lindo”. Verde era un obrero de la construcción, alto –más de lo normal-, fuerte, con aires de actor de Hollywood, que igual hacía un periódico que expropiaba a un burgués. A mí me dijo que la guerra se había perdido porque si bien sobraban brazos faltaron armas, y no estaba del todo despistado Verde cuando años después me entrevisté con Domingo Rojas.

 

Su versión de los “hechos de Mayo de 1937” –los cuales vivió y en los cuales combatió como dirigente de la base anarquista en armas- difiere totalmente de la versión oficial que Marianet, en nombre del comité nacional, divulgó; y, mucho más, de las escritas más tarde por líderes anarquistas de aquellos tiempos en nombre de “la Organización”. Para Verde la batalla de Barcelona se perdió porque el liderazgo anarquista, por miedo o por involución, más por lo primero que por lo segundo, claudicó ante los agentes de Stalin.

 

En la CNT siempre habían logrado convivir “las coristas” y “los pieles rojas”. Las primeras eran los sindicalistas, los reformistas, los contemporizadores; los segundos, eran los maximalistas, los radicales, los partidarios acérrimos de la acción directa. Cuando la represión arreciaba las primeras copaban el escenario mientras que los segundos debían pasar a la clandestinidad. Cuando la represión aligeraba, los segundos convertían a las primeras en simple estorbo para la revolución.

 

Perdida la guerra, Verde pasa a París, y estuvo unos meses por la capital gala, es allí cuando ve a muchos compañeros –según me dijo- tomar contacto con las logias masónicas del Gran Oriente francés. Hombre de acción como siempre olfateaba que Hitler desencadenaría la guerra europea. Así que busca salir de Francia rumbo a América.

Algo debió de separarlo de ciertos círculos anarquistas en Francia porque no se vino en los grupos que logran ser desplazados a América –México y República Dominicana- antes del estallido de la guerra europea, es decir, antes de septiembre de 1939. Esta parte de su vida jamás quiso contármela detalladamente. Lo cierto fue que desembarcó en Panamá antes de 1940, porque a la Argentina no podía retornar.

 

En Panamá se ganó la vida como obrero de la construcción, oficio que conocía a la perfección, llegó a ser maestro de obras. La familia comenzó a crecer y como para él la mujer de un anarquista no era sólo “la mujer de cama”, decide buscar mejores horizontes en tierras promisorias y se viene para Venezuela, adonde arriba a finales de 1940, porque su nombre aparece en el acta de una asamblea del núcleo venezolano de la CNT celebrado a finales de ese año, documento que pude ver en el archivo de Vicente Sierra, uno de los mejores archivos sobre el anarquismo, de Venezuela, que había en 1963-1967.

 

En Venezuela, los compañeros que ya había lo colocaron en posiciones desde las cuales con el jornal podía sustentar a la familia, la esposa y varias hijas. Sin embargo, Verde descollaba más como escritor y rápidamente ascendió en el sindicato de artes gráficas, llegando a ser corrector de “Momento” y varias veces colaborador de esa revista con seudónimos de cuyos usos era un entusiasta.

 

La escisión de la CNT, de Venezuela, duró más allá de 1961 cuando la CNT de Francia, y de otros países, se reunifica luego de la ruptura de 1945. En Venezuela, el argumento de los “pieles rojas” era que no podían reunificarse con “las coristas” porque éstas habían cruzado la raya amarilla de lo permitido: se habían hecho patronos, y, por tanto, ya eran burgueses. Además, muchos se habían acercado, por diversos motivos, a Acción Democrática, en cuyas filas militaban. Así que Verde prefirió reorganizar los “grupos de defensa confederales”, como nombre genérico a la organización de anarquistas antiburgueses que existirá en Venezuela hasta después de la muerte de Franco.

 

Todas sus hijas se unieron a muchachos comunistas venezolanos, y era todo un espectáculo ver al obrero Juan Verde debatir con los jóvenes sobre cómo el único comunismo genuino era el comunismo anárquico. Malatestiano de la cabeza a los pies –como todo anarco italiano que se precie-, tenía suficiente alteza de miras para comprender que la sangre rebelde, no importa las banderas que enarbole, es, desde las células, sangre ácrata, y que la tarea de todo anarquista al cual las fuerzas de la juventud van abandonando es ayudarla a hervir.

 

Cuando la Organización tomó la decisión de que los grupos dispersos por todo el mundo conformaran Federaciones Obreras adheridas a la AIT, estuvo Verde entre los animadores de la Federación Obrera Regional Venezolana (FORVE) que publicaría el mensual “AIT”. Verde era el alma de FORVE, y otros, no así Pagano que, viniendo de la FORA, fue distanciándose, y otros, muy nombrados en estos últimos años que nunca fueron bien vistos por los grupos de vejetes del comunismo anarquista.

 

Fue Verde el que le saboteó la conferencia que dictó en Caracas Carlos Díaz. Éste fue un submarino que introdujeron en la periferia de la Organización Fidel Miró, José Peirats y Germinal Gracia, que siempre se creyeron parte de “los intelectuales” del movimiento. Díaz realmente estaba muy vinculado a la Iglesia Católica española, y era impensable que Peirats y Gracia lo hubieran apadrinado. A Carlos Díaz lo enfrenté y lo enfrento dentro y fuera de la Organización. En eso coincidió conmigo Juan Gómez Casas y por eso me dedicó unas referencias en uno de sus libros. Lo peor de Carlos Díaz fue cuando escribió que “más ha hecho Cáritas por los pobres que todo el anarquismo del mundo”. Sólo un hijo de puta completo puede afirmar semejante canallada.

 

Yo visitaba a Verde una o dos veces a la semana. Era de esos anarquistas desconocidos que jamás aparecerán ni en los libros de texto ni en las crónicas palaciegas, y cuya memoria el tiempo va disipando. Al contrario, Xena es reseñado por esa chica historiadora que escribió “Clandestinos” –una parte de la historia del anarquismo catalán- un libro que me leí, dicho sea de paso, en mi último viaje a Barcelona el año antepasado.

 

Reñí con él multitud de veces, pero siempre nos reconciliábamos porque era un Maestro de la vida y del anarquismo, y porque tenía unas hijas más buenas que el carajo, aunque Gioconda –la menor- estaba mayorcita para mí. Creo recordar que alguna que otra vez salimos a parrandear por esos mundos de dios, pero ella, rebelde como el padre, no quiso jamás saber nada ni del anarquismo ni de un carajo. Del legado de su padre estimaba más que ninguna cosa la consciencia que le dio de ser una mujer libre y de amar libremente.

 

Un día de tantos, Gioconda me telefoneó, y cuando yo le iba a decir que ese día no estaba para lides de lecho, me dijo que su padre había muerto en la casa de su hermana en Puerto Ordaz. A la hora de su muerte, tenía 91 años. Creo que había nacido con el siglo. Siempre recordaré su lección de ética: “el anarquista debe vivir de acuerdo a sus principios; y actuar en consecuencia”.-

 

F.C.-

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Jeudi 7 février 2008

Aurelio Lorente, el sastre de Durruti

 

De Canónigos a Santa Bárbara, tres cuadras al norte de la Avenida Urdaneta, tenía la sastrería don Aurelio Lorente, anarquista de la CNT, aunque más que anarquista era sindicalista saintsimoniano. Creo que era 1963, un mes más un mes menos.

 

En efecto, Lorente había sido alto cargo del sindicato del fabril y del textil de la ciudad condal (Barcelona, Cataluña) en el momento que estalla el Alzamiento franquista, julio de 1936. Desde los primeros días tras la derrota del Alzamiento en Barcelona, los anarquistas organizan milicias populares con el objeto de ir al frente de Aragón y liberar Zaragoza, otra ciudadela anarquista que, debido a traiciones varias, había caído en manos facciosas.

 

Al frente de esas milicias estaba Durruti. Mientras los anarcoliberales de la retaguardia negociaban el colaboracionismo con la burguesía catalana –primero, y, luego, con la republicana y con Largo Caballero- todas las industrias incautadas por los sindicatos, especialmente aquellas industrias donde el control mayoritario pertenecía a los anarquistas- se pusieron al servicio de la guerra y de las milicias.

 

El sindicato del fabril y textil de Barcelona devino así en la fuente de aprovisionamiento de las milicias. Lorente desarrolló una actividad febril para que nada faltara a las milicias que combatían en Aragón. Tenía dotes de organizador y a ello dedicó todas sus energías.

 

Al perderse la guerra, Lorente era de los cuadros que el movimiento debía preservar y estuvo entre los primeros en abandonar Francia en 1939. Arribó a Venezuela y pronto comenzó a ganarse la vida en su oficio, así como a reorganizar la organización en el exilio. A raíz de la escisión de 1945 –que significó un duro golpe a la causa antifranquista y al movimiento libertario- Lorente optó por predicar la unidad y a tal fin se alió con Manuel Buenacasa, ubicado en Francia, y editaron un periódico denominado “Uno” con el objeto de reunificar a la CNT, lo cual se logró, en todas partes –salvo en Venezuela- en 1961.

 

En Venezuela, la desunión prosiguió hasta más allá de la muerte de Franco.

 

Sin embargo, Lorente era del “Núcleo” y no de la “Casa de España” –sede de la Federación Local. Cuando de ésta expulsan a Vicente Sierra, organizamos entonces la “Federación Local de Puerto Ordaz” -en donde residía un grupo de camaradas- y el secretariado intercontinental nos reconoció y pudimos enviar delegados directos a los congresos de federaciones locales. En verdad que la táctica no estuvo del todo mal, aunque yo no sabía muy bien qué estaba pasando, me vi, repentinamente, metido en un vaporón orgánico sin habérmelo comido ni bebido.

 

Como teníamos un grupo de Juventudes Libertarias un día nos presentamos en la “Casa de España” a enfrentarnos a los “pájaros carpinteros”, y hubo de todo. Al parecer, Lorente supo de nuestro “asalto” a la ciudadela reformista y avisó a mi padre para que yo lo visitara. De cómo mi padre conoció a Lorente no tengo la menor idea. Mi padre era cotizante del “Centro Cultural y de Estudios Sociales”, una suerte de ateneo formado por los anarcosindicalistas venezolanos y españoles, y siempre llevaba a casa impresos cenetistas del exilio.

 

En la “Casa de España” nunca me vieron de buenas maneras. Años más tarde fui a ver a José Germán –una suerte de ideólogo del sector reformista del anarquismo exiliado- y tuve también un encontronazo con los jóvenes españoles, más o menos de mi edad para entonces, en los cuales, sin embargo, avizoré más rasgos de socialistas libertarios que de solipsistas stirnerianos.

 

Lorente me recriminó que hubiera “asaltado” la “Casa de España”. “Esos no son métodos libertarios” –me dijo. Yo le respondí que esos reformistas tenían “secuestrada a la Organización”. Él me aclaró que la Organización se manejaba mediante acuerdos en comicios y que si era la Federación Local de Caracas no había más sino que esperar otro congreso orgánico. Que la Organización –me insistió- siempre tiene la razón. Le respondí que no lo dudaba, pero que en el caso sobre el cual discurríamos la razón la tenía yo.

 

Lorente poseía una biblioteca espléndida y de ella me nutrí en demasía. Muchas cosas se las debo a él y a los libros que me recomendó y que, otras veces, me regaló.

 

Fue un ser excepcional, no solamente en su conducta sino en la forma cómo decía las cosas. A través de un familiar suyo me consiguió un empleo en la Philips de Caracas, una empresa holandesa, en la cual me gané la vida por unos siete meses, pero me echaron en cuanto traté de organizar un sindicato. En esa circunstancia afloraron las contradicciones de Lorente: me haló las orejas, que mi padre necesitaba que le ayudara en el sostenimiento de mi familia y que no debí de arriesgar un empleo seguro por una quimera idealista. Cinco años después fue que pude empezar a ayudar a mi padre.

 

La última vez que vi a Lorente fue en una asamblea del Núcleo –integrado por los “pieles rojas”- en la casa de Benaiges. Ya estaba golpeado por los achaques, la salud resentida y el pelo brillaba por su ausencia. Uno que estaba allí me recordó más tarde que Lorente había tenido un hermano sacerdote. Que en 1953 o por ahí había hecho un viaje a España y el buque había anclado en Barcelona, al cual subió su hermano porque Lorente no podía desembarcar.

 

No recuerdo cuando murió. No sé si mi padre acudió al sepelio, porque mi viejo, en cosas de organización, era bastante reservado. Lo cierto es que me dio lecciones de todo tipo, uno de mis maestros en este mundo de quimeras y esperanzas que es el mundo libertario.-

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Albert Einstein

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